Descripción
Tu hijo, antes entregado y cariñoso, se ha vuelto arisco, indiferente u obstinado. Se encierra en sí mismo, levanta muros e, igual que los erizos, se cubre de «pinchos» que te impiden acercarte. ¿Te suena de algo? Ha llegado la temida adolescencia. Que no cunda el pánico. Aunque parezca lo contrario, los adolescentes ansían y agradecen unas relaciones amorosas y positivas con sus padres u otros adultos de su entorno.





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